Si un contrincante supera a otro con una clara ventaja, los corredores
de apuestas suelen darle al más débil de ellos una ventaja que suele sumarse
al resultado real del encuentro.
Por ejemplo:
Real Madrid – Rayo Vallecano. Handicap 0:2
(esos goles se sumarán a los del Rayo al final del partido).
El Real Madrid gana 1:0. Con el handicap de la apuesta el resultado sería de 1:2.
El que haya apostado por el Rayo gana la apuesta.