Nos hayamos a pocas semanas vista del partido inaugural de Brasil 2014, y todas las conversaciones giran en torno a qué equipo levantará el trofeo el próximo 13 de julio. Dado que el torneo tiene lugar cada cuatro años, ¿sería importante conocer el comportamiento histórico de las distintas selecciones? Y de no ser así, ¿qué clase de información podría ser verdaderamente relevante?

Para cualquier apostante que trate de averiguar quién será el próximo campeón de la Copa del Mundo de Fútbol, el cuadro de campeones de las pasadas ediciones podría ser el lugar obvio en el que empezar a buscar. Ha habido diecinueve ediciones de la Copa del Mundo desde aquel primer torneo celebrado en Uruguay en 1930, por lo que analizar el rendimiento histórico de los distintos equipos debería ser considerado una forma razonable de hacerse una idea consistente de sus posibilidades de victoria.

Desplazamientos continentales

 

La mayoría de ganadores del Mundial pertenecen a la organización que acoge el torneo cada cuatro años (tabla 1), lo que también puede servir como punto de apoyo para hacerse una idea del posible ganador de la Copa. Sin embargo, un análisis detallado de la evolución del torneo muestra que podría producirse alguna sorpresa. Tomando como base el primer torneo, celebrado y ganado por Uruguay en 1930; solo cuatro de los trece equipos que competían eran europeos, seguramente porque se tardaba la friolera de tres semanas en hacer el viaje en barco desde Europa.

 

Además del número de equipos, el rendimiento de las selecciones europeas podría haberse visto mermado de forma significativa por el viaje, pues no hay muchas oportunidades de entrenar a bordo de un transatlántico, a lo que habría que añadir que muy pocos jugadores habrían tenido la oportunidad de jugar alguna vez al otro lado del océano.

 

Los viajes continuaron siendo el elemento clave en los Mundiales de 1934 y 1938, disputados en Italia, en el que solo participaron 4 equipos sudamericanos de un total de 16, y Francia, en el que la proporción fue de 3 a 16. Ambos torneos se jugaron directamente en fase de eliminatorias, sin dar oportunidad a los equipos de asentarse en el torneo. Italia ganó ambos eventos.

 

Incluso en 1950, los campeones italianos viajaron a Brasil en barco, y muchos equipos se retiraron debido a problemas financieros o a las dificultades del viaje.

 

Solo participaron trece equipos, un grupo contaba solo con dos equipos, e India, advertida acerca de que no podía jugar sin calzado, se retiró por lo que, finalmente, solo participaron trece equipos. En la final, Uruguay derrotó a Brasil.

 

Ventaja continental

 

En estas primeras Copas del Mundo, la balanza de la participación se inclinaba hacia los equipos que jugaban en el continente en que se celebraba el torneo: los graves desafíos de los viajes y la naturaleza azarosa del proceso de calificación, contribuían a dar una gran ventaja a los equipos que jugaban en casa.
A pesar de que la dificultad de llegar a las sedes en que se celebraban las Copas del Mundo se desvaneció con la llegada del transporte aéreo, el hecho de jugar en casa suponía todavía una ventaja importante hasta la llegada del formato actual, en 1986. Muy pocos futbolistas jugaban en el extranjero, y la organización de los torneos mantuvo su tono amateur si lo comparamos con los estándares modernos. Los países organizadores ganaron los campeonatos de 1966, 1974 y 1978.

 

En la actualidad, la ventaja de jugar en casa ha sido ampliamente investigada por medio de estudios como el realizado por Ryan Boko, Asistente de Investigación en Harvard, el cual sugiere que cada diez mil seguidores presentes suponen una ventaja de 0,1 goles. Se cree además, que la ventaja de jugar en casa supone cierta influencia sobre las decisiones arbitrales y produce beneficios psicológicos en los futbolistas pertenecientes al equipo anfitrión.

 

Más allá de la influencia de jugar en casa, algunas Copas del Mundo han visto ejemplos de sesgo (o tongo, como decimos habitualmente), particularmente en los Mundiales de 1974 y 1978, así como algunos desequilibrios explícitos. En los Campeonatos de 1978 y 1982, los partidos finales de cada grupo no se jugaron en paralelo, lo que dio lugar a casos como el infame ?Schande von Gijón? -el Escándalo de Gijón- donde los equipos de Alemania Occidental y Austria pactaron el resultado de 1-0 que les brindó a ambos el pase a la siguiente ronda a expensas de Argelia.

 

 

Teniendo en cuenta que desde 1978 el anfitrión sólo ha ganado uno de los ocho torneos celebrados, podríamos inferir de ello que el juego se ha vuelto más global, la organización más profesional y la vigilancia se ha visto incrementada. Por ejemplo, las reglas cambiaron después del escándalo de Gijón, lo que garantiza que, en la actualidad, todos los partidos finales de grupo se jueguen en paralelo.
Igualmente importante es el hecho de que la elección de las sedes se ha vuelto más políticamente correcta y alejada de las naciones organizadoras clásicas. Sólo dos de los últimos ocho organizadores han alcanzado la final.

 

Alternancia de poder y relación UEFA/CONMEBOL

 

La relación entre continente anfitrión y ganador del torneo fue rota por primera vez en 1958, cuando Brasil y un jovencísimo Pelé ganaron en Suecia. Este hecho marcó el nacimiento de la época dorada del fútbol brasileño, cuya selección nacional volvió a vencer en los Mundiales de 1962, celebrado en Chile, y 1970, que tuvo lugar en México. El éxito de la Selecao ilustra otro factor clave a tener en cuenta por parte de los apostantes al tratar de predecir el ganador de una Copa del Mundo: el poder es alterno.

 

Aunque la capacidad de juego de Pelé no le califica como un experto, el fracaso de su predicción tiene mucho sentido, ya que subestimó la fuerza perdurable de eje Europa-América del Sur que sigue ejerciendo un enorme poder en el mundo del fútbol.
La FIFA concede más valor a los partidos jugados por los equipos europeos y sudamericanos que a cualquier otra combinación. Esto explica el hecho de que solo tres equipos no europeos ni sudamericanos estén clasificados entre los treinta mejores de la FIFA: EEUU, Costa de Marfil y Ghana. Si todos los continentes fueran tratados por igual, entonces, en teoría, Costa de Marfil y EEUU serían cabezas de serie en la Copa del Mundo, lo que afectaría positivamente a sus posibilidades de éxito.

 

Aunque el poder en Europa y América del Sur se ha resistido, ha habido cambios significativos de poder dentro de ese duopolio. Este hecho se vio por primera vez en Francia 1998 y Sudáfrica 2010, con dos nuevos ganadores, Francia y España, que venían de ganar campeonatos europeos.

 

 

Las dinámicas de poder en el mundo del fútbol reflejan sus orígenes geográficos, además de otros factores aleatorios que han influido en su extensión a nivel global (por ejemplo, los colegios públicos en lengua inglesa en Argentina). No se da una relación directa, por ejemplo, entre el tamaño de la población y el triunfo, pero los factores socio-económicos son relevantes a la hora de mejorar las infraestructuras, así como la influencia de los movimientos migratorios, pero estos factores alcanzan relevancia con el paso de las décadas, no de pocos años.

 

 

Los cambios en el panorama del fútbol internacional son fáciles de adivinar echando la vista atrás. España ha decepcionado en muchas ocasiones antes de ganar en 2010, lo que ha supuesto una enorme contrariedad para muchos apostadores, mientras que Francia ganó el Mundial de 1998 estando clasificada en el puesto número 18 del ranking FIFA.

 

Suerte, la mejor de las predicciones

 

El trío de éxitos de Brasil entre 1958 y 1970 se vio interrumpido tan solo por la victoria de Inglaterra en el Mundial de 1966. El fracaso de la Canarinha destaca otro factor clave que los apostadores deben tener en cuenta a la hora de hacer sus predicciones: la suerte.

 

En un deporte en el que la suerte también juega, y en un evento de formato corto, no debería sorprendernos el hecho de que el vencedor no sea el equipo que reúne más talento o incluso el equipo que haya practicado mejor fútbol. Cada torneo de la era moderna, comienza con un campeonato previo de clasificación, la estructura del cual se basa en un sorteo. Dicha fase de clasificación, una vez finalizada, lleva a un nuevo sorteo en el que cada seleccionador nacional observa con ansiedad el destino que le deparará la suerte.

 

Cualquier apostante que haya apostado por un equipo antes del sorteo, habrá sentido ese mismo nerviosismo al observar el proceso de creación de los grupos, ya que tiene un impacto significativo en las probabilidades absolutas asignadas a cada equipo, como se ha visto claramente con la deriva en el precio de las apuestas sufrida por España al quedar encuadrada en el Grupo B, que genera la posibilidad tener que enfrentarse a Brasil en octavos.

 

La diferencia entre la distancia recorrida más larga y la más corta durante la fase de grupos será de 4905 kilómetros. Una vez que el torneo haya dado comienzo, lo que pueda deparar el destino podrá esconderse en muchos lugares, no solo en la cancha.
En la Copa del Mundo de 1950 en Brasil, las sedes estaban situadas principalmente en el sureste, de clima más suave. Pero en 2014 una tercera parte de la fase de grupos se jugará en sedes situadas en el noreste, con un calor sofocante en junio. Los veinticuatro partidos a jugar en dicha zona comenzarán a las 13:00 hora local para dar satisfacción a las audiencias televisivas europeas. Para entender mejor lo que supone este horario, digamos que los partidos de fútbol de los campeonatos nacionales brasileños evitan jugar a esta hora debido al intenso calor; esto supone que los equipos que jueguen en estas sedes se encontrarán en evidente desventaja al verse obligados a jugar bajo un calor insoportable a hora tan temprana.

 

Las condiciones serán semejantes a México 1986, donde el inglés Gary Lineker llegó a perder algo más de tres kilos por partido. El impacto de las condiciones climatológicas y el agotamiento de los niveles de energía serán un factor a tener muy en cuenta en fases más avanzadas del torneo.
Los departamentos técnicos de los distintos equipos exploraron el terreno con varios meses de antelación para tratar de asegurar el mejor ambiente posible, pero el sorteo ha situado en algunos casos a miles de kilómetros los cuarteles generales de los equipos de los estadios en que se jugarán los encuentros. La diferencia entre la distancia más larga y la más corta recorrida en la fase de grupos será de 4.905 kilómetros. Incluso habiendo preparado bien la estancia y pensado en todos los detalles, no hay garantías de que las cosas vayan a salir bien en el campo de juego.

 

Hasta la Copa Mundial de 1966, Garrincha y Pelé habían jugado 40 partidos internacionales juntos sin encajar una sola derrota. En su partido inaugural en Inglaterra vencieron 2-0 a Bulgaria, pero Pelé se lesionó después tras ser blanco de los jugadores búlgaros, lo que significó su ausencia en el partido contra Hungría, que Brasil acabó perdiendo por 3-1. Entonces, ocurrió lo inesperado: Brasil, con Garrincha también lesionado, perdió ante Portugal y fue eliminado del torneo, lo que supuso su peor actuación en un Mundial.

 

Pelé y Garrincha jamás volvieron a jugar juntos. ¿Qué habría sucedido si ambos hubieran evitado sus respectivas lesiones? Nunca lo sabremos, pero este tipo de circunstancias y un sinfín de acontecimientos imprevisibles en otros torneos de la Copa Mundial seguramente habrán tenido enorme influencia en los resultados.
Los componentes de la suerte en estos casos son difíciles de definir: las decisiones arbitrales injustas son un buen ejemplo. El factor campo indica que el árbitro puede haber estado influenciado por el apoyo de los aficionados, lo que podría explicar el paso más que improbable de Corea del Sur a las semifinales en 2002. Sin embargo, en la gran mayoría de los partidos en la Copa del Mundo no participa el anfitrión, por lo que episodios infames como «la Mano de Dios ‘(1986 cuartos de final) o el incidente Schumacher / Battiston (1982 semi-final) o el misterio que rodeó a Ronaldo poco antes de la final de París (1998) tuvieron una importancia extrema, pero fueron imposibles de predecir.

 

 

La suerte opera a distintos niveles, como por ejemplo, brindando una concentración inusual de talento en una sola generación, justo lo que sucede con la actual selección belga.

 

Impredecible: sucederán cosas extrañas

 

A veces, ni siquiera la suerte tiene importancia, sino una serie de sucesos impredecibles. ¿Quién hubiera predicho que un africano de 38 años de edad, Roger Millar, sería el héroe en la Copa del Mundo de 1990, o que un delantero italiano en gran parte desconocido, Toto Schillaci, sería el máximo anotador de italia, la anfitriona?. En 1994, la Bota de Oro fue ganada por un jugador ruso que solo marcó aquellos seis goles en el ámbito internacional a lo largo de su carrera, cinco de ellos en un partido contra Camerún.
Está claro que hay diferencias enormes en las últimas 19 Copas del Mundo en términos de participación, formato, reglas, prejuicios y suerte, pero fuera de estos elementos específicos del torneo, el contexto socio-económico y político en que se desarrollan los acontecimientos también es totalmente diferente, lo cual es muy relevante.

 

Comparabilidad de la Copa del Mundo ? Fuera de muestra

 

El desafío consiste en hacer predicciones sobre eventos en los que participan un gran número de factores y variables, aunque haya un relativamente pequeño tamaño de la muestra, que se conoce como ‘fuera de la muestra «. La Copa del Mundo es un ejemplo potente de esto.

 

A causa de esta clase de dificultades, los apostantes deben en su lugar centrarse en un enfoque probabilístico para tratar de obtener un posible ganador del Mundial.

 

Dada la dificultad que conlleva efectuar comparaciones directas con anteriores Copas del Mundo y el papel que la suerte y el juego ejercen en un contexto más amplio, cualquier pronóstico que identifique con certeza el ganador del torneo debe ser tomado con mucha precaución. Con este tipo de dificultades, los apostantes que suelen basarse en datos, deberán centrarse esta vez en un enfoque probabilístico antes de seleccionar un ganador de la Copa del Mundo, empleando método bayesianos, y buscando el valor en las apuestas, en lugar de tratar de llegar a conclusiones claras sobre la base de las tendencias históricas del torneo.

 

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