Phnom Penh, 27 feb (EFE).- La suerte del Real Madrid, del Milán o del Barcelona ha perdido, este fin de semana, algo de interés para los camboyanos, después de que el primer ministro, Hun Sen, ordenara cerrar las Casas de apuestas porque no quería más «dolores de cabeza» por culpa del juego.
En tres días, la única franquicia autorizada para hacer apuestas de fútbol, Cambo Six, ha tenido que liquidar y cerrar, pese a que su licencia no caducaba hasta el año 2011.

Los que tenían alguna quiniela con premio acudieron hoy corriendo a las últimas ventanillas de las veinte oficinas que el grupo llegó a tener en todo el país y que permanecían abiertas desde el miércoles para liquidar pagos a los clientes, a pesar de la presión de las autoridades para echar el cierre.

Cambo Six había entrado en Camboya en 2002 y cinco años después se abrió a un grupo inversor de Hong Kong.

La orden de cierre de Sporting Group Live, otra casa de envites relacionados con el mundo del deporte, se emitió hoy, así como la revocación en masa de todas las licencias para negocios de puestas electrónicas.

Hun Sen sorprendió con la medida el martes pasado durante la ceremonia de entrega de diplomas de graduación a estudiantes de la Universidad de Phnom Penh.

El gobernante explicó que Cambo Six no representaba grandes ingresos para las arcas públicas y, al mismo tiempo, contribuía a la «degeneración moral» de la sociedad camboyana.

«No quiero más dolores de cabeza por culpa del juego (…) El juego produce disputas familiares, violencia doméstica y robos, esta es la razón por la que vamos a cerrar esta empresa (Cambo Six) cuanto antes», dijo Hun Sen.

El Ministerio de Economía y Finanzas fue el encargado de emitir la orden de cierre, que no contempla compensaciones a la empresa y deja sin trabajo a unos 3.000 empleados en todo el país.

El ministro camboyano de Finanzas, Keat Chhon, lanzó una advertencia a otros negocios de apuestas, loterías y juego.

En los últimos años, Camboya ha experimentado una proliferación de loterías y Casas de apuestas en las que se gastan sus ganancias camboyanos de todas las clases sociales y situación económica.

«Será bueno, sobre todo para los jóvenes. Tengo amigos que gastaban mucho dinero en el juego», opinó Bopha, una chica camboyana.
Más allá de las Casas de apuestas, el país asiático dispone de una auténtica industria del juego con decenas de casinos instalados en la mayoría de pasos los fronterizos con Tailandia y Vietnam.

Gran parte de los nuevos proyectos de desarrollo turístico en las islas y el litoral camboyano contempla la construcción de casinos como complemento de la oferta.

El Gobierno no ha precisado todavía si en esta «cruzada» incluirá estos sitios que, en algunos casos, están controlados por altos cargos del ejército, según denuncian organizaciones no gubernamentales.

A lo largo de la frontera con Tailandia, donde hasta finales de la década de los años 80 la resistencia y las tropas gubernamentales libraron intensos combates, funcionan cerca de una veintena de casinos, incluidos varios propiedad de políticos tailandeses.

Un paraíso del juego al más puro estilo de «Las Vegas» se ubica en Pailin, la vieja atalaya del Jemer Rojo junto a la frontera tailandesa donde Pol Pot y otros dirigentes del grupo extremista vivieron atrincherados durante casi veinte años.

Las apuestas generaron unos ingresos de 20 millones de dólares (15,65 millones de euros) durante 2008 para las arcas del Estado, dinero a tener en cuenta en una nación que precisa de ayuda exterior para sufragar sus presupuestos generales. EFE